Aniversarios de esperanza: las Comunidades de Castilla y el 15-M

Este mes de abril se cumplió el V Centenario de la Revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521). Con la derrota de esta revolución en Villalar el 23 de abril de 1521 se fueron al traste las esperanzas de un futuro mejor para Castilla, así como para el resto del país. Porque esta revolución traía consigo importantes transformaciones en la vida municipal, donde todo el vecindario del momento podía intervenir en el breve tiempo que duró la movilización en igualdad de condiciones con los miembros de otras clases sociales; y una crítica durísima al corrupto gobierno del momento e incluso, y lo más importante, a la institución monárquica.

Entre sectores de las Comunidades se llegó a hablar de instaurar la República como una forma de gobierno. Pero lo cierto es que durante la revolución se practicaron formas de gobierno que ya eran en sí republicanas, o al menos, una suerte de democracia directa, donde no interfería ningún poder derivado del derecho divino. Las Comunidades se basaban en un gobierno asentado en juntas de parroquia -lo equivalente a los barrios actuales- que decidían con completa libertad los asuntos cotidianos que afectaban al vecindario; había otro nivel en el ayuntamiento de cada ciudad; y este elegía a sus representantes en una Junta central, que coordinaba a todas las ciudades y tenía la obligación de defender a esta Confederación urbana. La autonomía de cada ciudad era respetada por las demás, en un claro ejercicio de responsabilidad colectiva.

Las Comunidades de Castilla fueron un movimiento interclasista, donde estuvieron presentes grandes miembros de la nobleza y la Iglesia -con figuras míticas como Antonio Acuña, el obispo de Zamora-, muchos hidalgos, abogados y funcionarios. Pero junto a los grandes nombres de Padilla, Bravo o Maldonado, también había una masa anónima de sectores populares. A los primeros grupos les movía más el impulso antifiscal, una aspiración de reformar el sistema desde dentro y la crítica a las corruptelas gubernamentales. Pero los segundos, con los artesanos y campesinos a la cabeza, llevaban en su seno ideales de igualdad de bienes y de justicia social. Con el devenir de la revolución, estos ideales fueron defendidos a ultranza, lo que asustó a muchos de los comuneros de la primera hora, que abandonaron el barco para congraciarse con el emperador Carlos V. Con todo, a muchos de ellos, como a los miembros del común, les esperaba la sanguinaria represión del emperador. O, como a la formidable María Pacheco, que resistió en Toledo hasta el último minuto, el destierro de por vida.

La primavera de Castilla duró algo más de un año. Con su derrota comenzó una larga etapa de silencio sobre las Comunidades, pues desde el gobierno se quiso tapar todo lo relacionado con los deseos de un pueblo que ansiaba, en su sector reformista, más cotas de representación política, y en el plenamente revolucionario, una transformación completa de las relaciones sociales imperantes hasta la fecha. Pero no deberíamos engañarnos: las ideas que sostuvieron los comuneros renacieron tiempo después en otros movimientos, como en los llamados Comuneros latinoamericanos de finales del siglo XVIII. Y podemos ir a más porque este año se celebra también el 150 Aniversario de la Comuna de París, una revolución, la primera en la que se puso en marcha un gobierno completamente obrero, un gobierno de comuneros.

Y tal vez no sobre decir, que celebramos también el 10 Aniversario del 15-M. Todos fueron y son movimientos contra la oligarquía y en favor del gobierno colectivo de la sociedad. Una feliz coincidencia de aniversarios que nos invita a pensar que la primavera de Castilla está muy viva en el corazón de los que seguimos anhelando un futuro de esperanza.

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